¿SABES, POR QUÉ LLORAMOS?

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Bebés y niños pequeños llorando con intensidad. Lloran porque tienen hambre, frio, miedo o dolor… Lloran en el colegio, en casa, en el parque y en el supermercado. Muchos de ellos lloran a todas horas o varias veces al día. Está claro que, ante la ausencia del lenguaje oral, el mecanismo del llanto permite a los niños reclamar la atención necesaria para sus cuidados o expresar un malestar, teniendo bien establecida una función adaptativa al obtener como resultado, la ayuda del adulto que satisface sus necesidades más básicas.

Pero entonces, y especialmente en el primer mundo, ¿por qué lloran los adultos, si sus necesidades básicas están cubiertas?, ¿lloramos menos de adultos porque ya no nos sirve?, ¿por qué hay personas más propensas al llanto y otras que llevan años sin llorar?, ¿nos hace bien llorar o es la expresión poco útil de un simple malestar? Lo que está claro es que no estamos hablando de un mero efecto biológico, sino de un mecanismo complejo en el que confluyen funciones fisiológicas, psicológicas y sociales.

 

 

La función biológica de las lágrimas

Biológicamente, las lágrimas son necesarias para el mantenimiento de una buena salud ocular: lubricación de ojo, limpieza o protección a agentes externos (lagrimas basales) pero también están asociadas a estímulos potentes de carácter emocional, y no exclusivamente negativos como la tristeza, la angustia, el dolor o la frustración…sino que también lloramos de alegría o sorpresa.

El llanto y su relación con la salud emocional

La compresión del llanto en el ser humano adulto y su relación con la salud emocional ha despertado gran interés en expertos e investigadores. Algunas de las hipótesis que se barajan (aún sin apoyo empírico) es que a través del llanto se libera cierta hiperactividad, ayudando a establecer un equilibrio o reducir un estrés puntual.

Gracias a la investigación se ha podido descubrir que los componentes de las lágrimas son diferentes en función de agente que los produce, de modo que las lágrimas que secretamos cuando pelamos una cebolla (lagrimas reflejo), son químicamente diferentes de las lágrimas que generamos por una tensión emocional. Además de lagrimeo típico hay otros cambios físicos asociados al llanto emocional, como el enrojecimiento de la cara, sollozo, hiperventilación… Las lágrimas “emocionales” o psíquicas están formadas principalmente por agua, lípidos, y otras sustancias y se diferencian de las otras en que contienen mayor cantidad de hormonas, que habitualmente se asocian con el estrés como la Leucina encefalinas, la cual es un calmante natural que produce el cuerpo.

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