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Pascua de un colono de Puerto Cisnes

En la ciudad de Puerto Montt partió a la “Casa del Padre” Luis Villarroel (84) que con su oficio de carpintero, desde la década del 60, aportó silenciosamente al crecimiento de Puerto Cisnes junto a la presencia espiritual y educacional de la Iglesia de Aysén.

Consignan las crónicas del Vicariato Apostólico de Aysén, dada su preferencial opción por la educación, que “el 28 de diciembre de 1958 salió de Puerto Montt el padre José Bogo de la Obra Don Guanella, un grupo de egresados de los hogares de Colina y Rancagua, con unos carpinteros y albañiles”.

A esos primeros enviados, un par de años después, se integró Luis Villarroel, carpintero, quien aportó, entre otras obras, en la construcción casas; y especialmente en las puertas, ventanas, sillas, mesas y muebles del Internado San Luis de Puerto Cisnes, y la posterior Escuela Agrícola.

Don Luis Villarroel, también conocido como don Patricio, es de origen ecuatoriano; y desde 1960 se radicó definitivamente en la localidad de Puerto Cisnes tras la invitación de sacerdotes guanellianos que conoció en sus obras de Colina y Rancagua en Santiago, y al enamorase definitivamente del lugar y sus bellezas naturales. Se casó y fue padre de seis hijos, cuatro hombres y dos mujeres. “Yo venía por trabajo, me gustó y me quedé”, afirmó en una reciente conversación con el obispo de Aysén, Luis Infanti.

En el contexto de la vida de don Luis Villarroel las crónicas eclesiales de Aysén agregan: “el gobierno nos entregó a título gratuito una hectárea y media en el centro del pueblito; era una floresta con árboles gigantescos. Se trabajó con hachas, serruchos, sierras, palas, chuzos, tractor… en poco tiempo toda esta floresta estaba despejada y el terreno listo. La inclemencia del tiempo después, las dificultades de transporte, las continuas e insistentes lluvias —en Aysén llueve en término medio 15 días al mes, sea verano o invierno— no desanimaron a los emprendedores de esta empresa que, en años anteriores habría sido considerada una verdadera hazaña”.

“El 12 de septiembre de 1959 terminó totalmente la construcción del internado San Luis con maderas de primera calidad, con sus aulas, comedores, cocinas, dormitorios y dependencias, junto a la capilla dedicada a Nuestra Señora del Trabajo y San Pedro”, complementa la crónica.

“En aquella época —recuerda don Luis— no había camino y Puerto Cisnes eran cuatro casas. Éramos muy pocos. Al principio el poblado se iba a llamar ‘Nuevo Reino’ por insistencia de una vecina de origen italiano hincha de la realeza, pero no le resultó… Los padres instalaron el Internado y después la Escuela Agrícola, y con los compañeros de ese tiempo trabajamos en todo lo que se seguía necesitando. Yo empecé hacer las mesas para el Internado y también las reparaba”.

Los primeros sacerdotes que llegaron, dice don Luis, fueron “el padre Pedro, el padre Romano y el padre José. Después se unió el padre Gianpiero, el padre Francisco y el padre Antonio. El padre Francisco era muy emprendedor. Tenía huerto, invernadero y animales; vendía verduras, y hasta tenía abejas. En algún momento me vendió unos chanchos de raza colorada”.

“El Internado y la Escuela Agrícola —explica don Luis— atendía a los niños del sector; pero también de Puyuhuapi, La Junta y Puerto Raúl Marín Balmaceda. Venían incluso de Chaitén y Alto Palena. De aquellos chicos se pueden ubicar en Cisnes a los hermanos Alejo Chacón, José Sánchez y Humberto Cárdenas. El Internado era grande; acogía y educaba cerca de 100 niños con profesores que venían de fuera de la región. Eran buenos profesores, mejores que los de la escuela fiscal. Y los niños aumentaron cuando se implementó la Escuela Agrícola”.

Y así, comparte don Luis, “el pueblo de Puerto Cisnes fue creciendo gracias al apoyo de la Obra Don Guanella. Ellos fueron los que ofrecieron los primeros trabajos; y desde aquí se encargaban implementos y materiales para otros sectores de región. Era la única fuente de trabajo. Después, con el tiempo, empezaron a llegar las empresas del Estado”.

En cuanto al servicio espiritual de la Iglesia don Luis tiene en su memoria que “en esos años hubo muchos bautizos y primeras comuniones. Había más unión, algo que se ha perdido un poco ahora. Los padres salían a misionar en los alrededores lo que antes era bastante complicado: puro barco y alguna lanchita con motor, y con caballo donde se podía ir. No había camino para ir muy lejos. Aquí la ruta se abrió recién en 1982”.

“En algún momento —rememora don Luis— me fui a Coyhaique en busca de más trabajo. Estuve un año. No me gustó. Me fui con todo y volví con todo para Cisnes que gracias a Dios ha seguido creciendo aun con la partida de los curitas a los que se les echa de menos”.

El pueblo de Puerto Cisnes y la Iglesia de Aysén también hoy “echan de menos” a este colono, poblador y carpintero que desde su oficio ayudó a crecer una pequeña localidad de la Patagonia aysenina. Se va en septiembre, mes de conmemoración y celebración. Lo despedimos con fe, pena y alegría. Adiós, don Luis, hasta siempre.

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